Tanto calor
y mi corazón apagado.
No es que sea de hielo,
es ausente.
Caigo... o subo,
salgo o entro.
Aquí, detenido del tiempo,
no hay arriba o abajo
o algún color.
jueves, 17 de abril de 2014
lunes, 17 de marzo de 2014
Nubes de mar
Mi cabeza llena de dunas,
dunas de espuma,
nubes de mar.
Mi pecho sonriente,
paseando entre los hilos del tiempo…
tiempo
Un minuto,
un segundo
¿qué son mil años?
¿qué es mi vida?
¿qué es la vida de todos?
Si tan solo pudiera navegar
sobre esas olas celestes,
si tan
solo pudiera acariciar
un momento la oscuridad del universo.
(y cuando me elevo, un ancla me somete a la tierra, me
arrastra hasta dejarme inmóvil)
Quiero desangrarme justo ahora.
Polvoriento,
raspado en mis rodillas,
en mis manos,
ese
deseo voraz que hace
un momento me consumía,
ahora se ha vuelto tan... tan lejano.
Hice lodo con mis lagrimas
y al levantarme tambalee,
grite y
nadie escucho,
el eco de mi voz se pierde
en la inmensidad a la que ya no aspiro.
¿Qué es mi vida y qué es la vida de todos?
...y en mi cabeza
siguen
habiendo dunas de mar,
espuma de estrellas saladas.
¿Debería renunciar ya?
lunes, 29 de julio de 2013
Sí... entonces.
Y sí yo fuera tu ultimo pensamiento
¿Me llevarías contigo a la eternidad)
Imagino:
Raptarías mi imagen hasta el sepulcro;
me colgarías en el interior de tus fríos parpados
para verme cuando hayan sellado tu ataúd.
Y sí mi nombre fuera tu última palabra
¿La llenarías de todo tu ser antes de lanzarla al viento?
Sé:
Yo sería tú.
Y sí la brisa ardiente de mi caos, se desprendiera
como adoración intentando, amorosamente,
llegar a tu puerto...
(sic) rebuscado
¿Tenderías tus brazos hacia mi?
Finalmente:
No
¿Me llevarías contigo a la eternidad)
Imagino:
Raptarías mi imagen hasta el sepulcro;
me colgarías en el interior de tus fríos parpados
para verme cuando hayan sellado tu ataúd.
Y sí mi nombre fuera tu última palabra
¿La llenarías de todo tu ser antes de lanzarla al viento?
Sé:
Yo sería tú.
Y sí la brisa ardiente de mi caos, se desprendiera
como adoración intentando, amorosamente,
llegar a tu puerto...
(sic) rebuscado
¿Tenderías tus brazos hacia mi?
Finalmente:
No
martes, 16 de julio de 2013
Una inesperada visita
La muerte toca a mi puerta y llama apresurada
-Hoy es el día- susurra desesperada...
-No esta noche, no este día, no a estas horas-
Las puertas de mi mente están cerradas
Y mi corazón palpita a veces
Mis ojos sangran: no esta noche, no este día...
Quizás... quizás mañana
Deja que pase un poco mas el tiempo
Deja que el cielo se pueble de estrellas
Deja cierro los ojos
Quiero imaginar que vivo
Soñar que puedo amar una vez mas
Fantasear con que la llama de mi pecho sigue encendida
Quiero pretender que no me he quedado sola
Ella me llama apresurada, con un amor indecible
Yo la anhelo esperanzada, pero no esta noche
-Hoy es el día- susurra desesperada...
-No esta noche, no este día, no a estas horas-
Las puertas de mi mente están cerradas
Y mi corazón palpita a veces
Mis ojos sangran: no esta noche, no este día...
Quizás... quizás mañana
Deja que pase un poco mas el tiempo
Deja que el cielo se pueble de estrellas
Deja cierro los ojos
Quiero imaginar que vivo
Soñar que puedo amar una vez mas
Fantasear con que la llama de mi pecho sigue encendida
Quiero pretender que no me he quedado sola
Ella me llama apresurada, con un amor indecible
Yo la anhelo esperanzada, pero no esta noche
domingo, 22 de julio de 2012
sin titulo
Te veo en el fondo de mis ojos, reflejada como una fina sombra de abedul.
Ondeando tu deseo como si bailaras para el sol, para la lluvia, alrededor de un fuego inmenso, para verte, para vernos, para llegar.
Para estar simplemente, arduamente, estar sin cansarnos, sin hacer nada, jugando a vivir, viviendo seriamente para jugar.
Entre nubes son los sueños, abrigados por la noche y velados por la luna, sueños para vivir, sueños para amar, amar para vivir, para revivir en un beso tu desnudez y la paz, para gritar, ¡libertad!
lunes, 25 de junio de 2012
sin titulo
Ella era un suspiro envuelto entre sabanas.
Olvidada y perpleja; indecible.
Húmeda de llanto, su sepulcro son los recuerdos; deliraba mecida del tiempo.
Asfixiándose; lentamente, buscaba el suicidio cada noche y era así como fallaba cada día.
A veces, quieta, miraba su sangre tartamudear de espanto.
Las sabanas que presenciaron su nacimiento se le habían encarnado tan fuerte y tan profundo, que eran su realidad y su fantasía.
A veces dejaba de ser suspiro y se convertía en una tenue canción: ¡no mas, no mas! decía, no mas... suplicaba: no mas; cuando dejaba de ser, hervía.
Largas lunas, siniestros soles... fantasmas y duendes bailaban a veces a su alrededor, entregándosela unos a otros...; ella que era suspiro, se volvía silbido y exhalación, se volvía humo: era un abismo lleno de inmensidad, fatigado de no terminar nunca.
El suspiro iba y regresaba: se convertía en burbuja que nunca reventaba, que viajaba entre las aguas de un lugar que no conocía, desaparecía entre su cuerpo encogido: y se respiraba con suciedad y sin ganas.
Miraba sus manos que eran ya: veía una flama apagada pariendo su mundo en tinieblas; encendido de pronto por una desesperación que devoraba su garganta, la obligaba a dejar de ser todo para convertirse en un volcán que erosionaba su cielo y su tierra y le consumía las entrañas.
Se apretaba y lloraba, gritaba, mordía sus labios con furia; se negaba la visión y pensaba en los mundos que habría cuando terminara la angustia...; su canción se volvió de pronto huracán que la anclaba al viento nuevamente.
El viento la volvía silencio y en el silencio nacía de nuevo como suspiro; todo lo que la sabia, sabia que estaba condenada a repetirse hasta por fin desaparecer, sin caballeros envueltos en brillante armadura, ni encantadoras princesas tendiéndole una sonrisa; todo sabia, menos ella (sedienta), que nunca entre sus manos descansaría una rosa recién florecida.
Era por siempre un suspiro durmiente para soñar libertad.
Olvidada y perpleja; indecible.
Húmeda de llanto, su sepulcro son los recuerdos; deliraba mecida del tiempo.
Asfixiándose; lentamente, buscaba el suicidio cada noche y era así como fallaba cada día.
A veces, quieta, miraba su sangre tartamudear de espanto.
Las sabanas que presenciaron su nacimiento se le habían encarnado tan fuerte y tan profundo, que eran su realidad y su fantasía.
A veces dejaba de ser suspiro y se convertía en una tenue canción: ¡no mas, no mas! decía, no mas... suplicaba: no mas; cuando dejaba de ser, hervía.
Largas lunas, siniestros soles... fantasmas y duendes bailaban a veces a su alrededor, entregándosela unos a otros...; ella que era suspiro, se volvía silbido y exhalación, se volvía humo: era un abismo lleno de inmensidad, fatigado de no terminar nunca.
El suspiro iba y regresaba: se convertía en burbuja que nunca reventaba, que viajaba entre las aguas de un lugar que no conocía, desaparecía entre su cuerpo encogido: y se respiraba con suciedad y sin ganas.
Miraba sus manos que eran ya: veía una flama apagada pariendo su mundo en tinieblas; encendido de pronto por una desesperación que devoraba su garganta, la obligaba a dejar de ser todo para convertirse en un volcán que erosionaba su cielo y su tierra y le consumía las entrañas.
Se apretaba y lloraba, gritaba, mordía sus labios con furia; se negaba la visión y pensaba en los mundos que habría cuando terminara la angustia...; su canción se volvió de pronto huracán que la anclaba al viento nuevamente.
El viento la volvía silencio y en el silencio nacía de nuevo como suspiro; todo lo que la sabia, sabia que estaba condenada a repetirse hasta por fin desaparecer, sin caballeros envueltos en brillante armadura, ni encantadoras princesas tendiéndole una sonrisa; todo sabia, menos ella (sedienta), que nunca entre sus manos descansaría una rosa recién florecida.
Era por siempre un suspiro durmiente para soñar libertad.
jueves, 26 de abril de 2012
En el aire se respiraban cenizas
Una lágrima
sofocando
un suspiro.
El único sonido
durante
la noche
eran los sollozos.
La única textura
era de una
boca humedecida.
Y tú, tan
ausente,
vestida de dura lejanía.
Estabas más
allá
de lo que
alumbra la luna.
Más allá
del agua y del aceite;
y en el
aire se respiraban cenizas…
Volar al
pasado
donde el
aroma era de flores.
Y el calor
de noches como ésta
avivaba la
humedad del cielo.
Que dulce
sería
regresar a
los prados de amapola.
El ángel de
esta suerte
se partió desde
mi corazón,
que con el
tiempo va iluminando poco.
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